DE QUÉ SE TRATA

La exploración y experiencia individual se ve enriquecida con la sinergia de un pequeño grupo que, al intercambiar miradas, colabora en el proceso de iluminar lo que se opone al mito familiar.

Esta práctica participativa afina nuestra percepción y entrena nuestra atención plena, a la par de facilitar la generación de nuevas huellas cognoscitivas; se trata de favorecer el surgimiento de una corriente empática, basada en la apertura y la escucha mutua.

A partir de gráficos y relatos compartidos, identificaremos:

  • Repeticiones (síndrome de aniversario, períodos de fragilidad, impulsos ciegos, etc.)
  • Lazos no explícitos (implicancias sistémicas, lealtades invisibles, el libro de cuentas familiares, neurosis de clase, etc.)
  • Dolores estancados y/o encapsulados (frustraciones vitales, duelos congelados, padecimientos de violencia, migraciones, relocalizaciones forzadas, persecuciones, exilios, )
  • Secretos familiares (no-dichos, dobles mensajes, mensajes contradictorios).

Nos organizamos en torno a cuatro ejes –conceptos básicos (notación de parentesco, repeticiones, implicancias, transmisión intergeneracional,); los órdenes del amor, las lealtades invisibles y el libro de cuentas familiares; secretos de familia, lo no-dicho, síndrome del yacente; reconocimiento, asentimiento, agradecimiento– que nos permiten adentrarnos en el conocimiento de nuestro árbol genealógico, paulatinamente, en un recorrido en forma de espiral: ampliando y profundizando la comprensión con cada ronda.

La frecuencia de encuentros sugerida es quincenal y/o mensual, a fin de dar tiempo al proceso respetando su ritmo.

Anne Ancelin Schützemberger dice que se trata de “un análisis más profundo y extenso de la visión; un análisis que acompaña y/o precede a una terapia, una búsqueda de identidad, un proceso de desarrollo personal o un cambio de vida.”

Aspiro a que sea un proceso sanador, sin duda será emancipador.